Una persona diabética debe tener un especial cuidado con su alimentación para que esta no le provoque problemas de salud. Hay alimentos que no se deben comer y otros cuya ingesta debe moderarse bastante, y es posible que tengas dudas sobre los embutidos. Por eso, vamos a ver qué embutidos puede comer un diabético.
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Los diabéticos y el cuidado de la alimentación
La diabetes es una enfermedad que hace que el cuerpo no pueda gestionar bien los niveles de insulina. Si no hay suficiente insulina, o las células no responden ante ella, parte del azúcar ingerido se queda en el torrente sanguíneo, y con el tiempo esto puede dar lugar a graves problemas de salud como pérdida de la visión, enfermedades renales o del corazón.
Aunque los medicamentos y los sistemas actuales permiten hacer un control de la insulina en el cuerpo mucho más eficaz que hace unos años, eso no significa que los diabéticos puedan comer lo que desean sin control. Siguen siendo responsables de cuidar todo lo posible su alimentación para mantener su cuerpo en buen estado y evitar que el exceso de azúcar en la sangre les acabe pasando factura.
Por ejemplo, la fruta, que tradicionalmente asociamos con un alimento sano, no lo es tanto para los diabéticos, porque hay variedades que tienen mucha fructosa. Entre las frutas que no son nada recomendables para alguien con diabetes podemos destacar el melón, las uvas o el melocotón.
¿Qué embutidos puede comer un diabético?
La mayoría de los embutidos son productos altamente procesados, ricos en grasas y con un alto nivel de conservantes, destacando entre ellos el azúcar. Aunque es bueno comer de todo y llevar una dieta equilibrada, el consumo de embutidos debe reducirse todo lo que sea posible tanto en personas que padecen diabetes como en quienes no tienen esta enfermedad.
No obstante, esto no quiere decir que estén prohibidos. Un diabético puede tomar embutidos que sean bajos en carbohidratos y en grasas saturadas, y que no contengan azúcar añadido.
Jamón serrano
El jamón serrano o, incluso mejor, el jamón ibérico, es uno de los embutidos más sanos que podemos encontrar, siempre y cuando su elaboración no haya supuesto un procesamiento demasiado complicado.

El jamón serrano se obtiene dejando secar la pieza recubierta de sal. Se produce entonces un proceso de ósmosis en el que la sal penetra en la carne, dándole su particular sabor salado, y seca los jugos.
Estamos ante un alimento que es una importante fuente de proteína, y que no tiene muchas grasas saturadas, porque al jamón no se le suele añadir nada más en su elaboración. En el caso de los diabéticos, a la hora de consumir jamón serrano o ibérico es conveniente revisar bien la etiqueta, porque algunos fabricantes si usan azúcar o alguno de sus derivados a modo de conservante, especialmente cuando se trata de jamón que ya se vende cortado.
Para disfrutar del jamón serrano sin que este embutido suponga un riesgo para la salud del diabético, lo aconsejable es escoger una variedad que no lleven ningún tipo de azúcar añadido.
Jamón, pavo o pechuga de pavo cocida
Estos embutidos están entre los más consumidos por aquellas personas que desean guardar la línea, porque tienen un bajo contenido en grasa. En el caso de los diabéticos, también son una buena opción.
Se trata de embutidos con un alto contenido en proteínas, muy poca grasa y que, aunque pueden llevar algo de azúcar como conservante, lo hacen en una cantidad mínima. Con lo que hay que tener especial cuidado, seamos o no diabéticos, es con la sal añadida.
Es habitual que a estos embutidos se les añada sal durante el proceso de cocción para aportarles un poco más de sabor. En la medida de lo posible, escogeremos las versiones reducidas en sal, que son más sanas.
El jamón cocido, la pechuga de pavo cocida, o la pechuga de pollo cocida son buenas alternativas como embutidos saludables, pero debemos asegurarnos de lo que compramos. En el lineal del supermercado estos productos suelen estar junto a otros llamados “fiambre de jamón cocido”, “fiambre de pavo”, etc., cuyo precio es más económico, lo que puede hacer que tengamos la tentación de adquirir estos y no los otros, pero la diferencia de precio está justificada: los productos que llevan delante la coletilla “fiambre” tienen menor cantidad de carne que el jamón, la pechuga de pollo o el pavo cocido, y más cantidad de agua, sal y conservantes, incluido el azúcar.
Lomo embuchado
El lomo embuchado es otro de los embutidos que puede comer un diabético sin mayor problema, porque también se elabora a través del método de salazón, recubriendo la pieza de sal y dejando que la carne se seque.
Como ocurría con el jamón serrano, hay que tener en cuenta que algunos fabricantes incluyen una cierta proporción de azúcar a modo de conservante. Aunque no son cantidades altas, se recomienda revisar bien la etiqueta para asegurarse que al tomar lomo embuchado no se está ingiriendo más azúcar de la que sería recomendable.
Chorizo y salchichón
Estos dos embutidos han formado parte de la merienda de los niños desde tiempos inmemoriales, pero en los últimos años su reputación ha caído en picado, porque son productos demasiado procesados.
Tanto el chorizo como el salchichón se elaboran con diferentes tipos de carnes sobrantes del cerdo, a las que después se añaden especias y colorantes que, por lo menos originariamente, debían ser naturales. Son una buena fuente de proteínas, pero también son ricos en grasa, y los que podemos encontrar en el supermercado suelen incorporar una cierta cantidad de azúcar para prolongar su conservación.
Un diabético puede comer salchichón y chorizo, porque el azúcar que contienen no es excesivo, pero todos deberíamos comer estos alimentos con moderación, puesto que nos aportan una gran cantidad de grasas saturadas y azúcares que nuestro cuerpo no necesita.

Quesos recomendados para los diabéticos
El queso es un lácteo y no un embutido, pero es habitual que se tome en combinación con algunos de los alimentos que hemos visto hasta ahora. En el caso de los diabéticos, los quesos recomendados son aquellos que tiene una cantidad de grasa entre baja y media, dando preferencia a los que tienen poca a ninguna grasa, como el queso cottage o el queso de Burgos.
Los quesos semigrasos que también se pueden incluir en la dieta son la mozzarella o el cheddar entre otros.
Tener claros qué embutidos puede comer un diabético es una de las claves para que las personas con esta enfermedad puedan llevar una alimentación sana y equilibrada en la que no falten alimentos que, además, están deliciosos.